sábado, 16 de julio de 2022

LUGARES CON HISTORIA: EL CERRO SAN CRISTÓBAL Y LA TARDANZA DE VEDEL

 

La llegada de Vedel a las 5 de la tarde al escenario de la Batalla proveniente de Guarromán nos lo relata el furriel de la 5ª Legión de Reserva Luis François Gille en sus memorias.

Las tropas de Vedel avanzaban en columna hacia Bailén para apoyar a Dupont, después de dejar en Guarromán la división de Defour y la brigada de coraceros de Lagrange, la mitad de sus fuerzas.

Partimos el 19 y nos paramos en Guarromán. Estuvimos escuchando el cañón desde el amanecer; los españoles habían hecho un movimiento y habían venido con unos 60.000 soldados- cifra que no coincide con la realidad, pues las tropas de Reding y Coupigni no pasaban de los 14.000 hombres- para tomar posiciones en Bailén y cortar al general Dupont la retirada que se disponía a efectuar. Sospechábamos que era la primera división la que se batía, y sin embargo al general Vedel no parecía importarle. Un nuevo acontecimiento vino a fortalecer las sospechas que teníamos sobre su fidelidad; se nos presentó un numeroso rebaño de cabras. Los soldados, excitados por el hambre, se tiraron sobre algunas; los oficiales quisieron impedirlo, pero el general permitió que se matasen y que se cocinase su carne, lo que nos mantuvo detenidos más de dos horas en aquel lugar.

Este acontecimiento, probablemente sucedió en Aldea de los Ríos, donde se unen dos arroyos, a unos dos kilómetros antes de llegar a Guarromán[1]. Después de su injustificada parada. Vedel parte cerca del mediodía hacia Bailén. Sus fuerzas: tres batallones de la 1ª y 5ª legiones respectivamente, un batallón del 3º suizo, el 6º de Dragones y, posiblemente once piezas de artillería ligera. Descontando enfermos y extraviados unos 5.000 infantes, 450 jinetes y once cañones[2].

Llegamos a avistar Bailén a las cinco de la tarde. Una cantidad innumerable de españoles ocupaba todas las alturas; - sobre el Ahorcado se encontraban el batallón de Irlanda, el Batallón Provincial de Jaén y el 6º de Voluntarios Granadinos unos 1500 hombres apoyados por el escuadrón de Montesa con apenas 120 jinetes-. Más de diez mil españoles huyeron en desorden, y el águila imperial brilló allí donde cinco minutos antes veíamos ondear la bandera de Castilla. Pusimos algunos dragones y tiradores a caballo a perseguir a quienes huían; más de mil ochocientos se rindieron de buen grado.

En el cerro San Cristóbal se encontraban: el Regimiento de la Corona - unos 800 hombres-, el Batallón provincial de Granada y el 3º de Voluntarios Granadinos, apoyados por el escuadrón de Dragones de la Reina con 100 jinetes, unos 1700 hombres. 

Nos costó mucho hacernos con un montecillo que se encontraba a la derecha de la ciudad y encima del cual existía una capilla. El enemigo impedía con tenacidad que nos acercásemos, pero a pesar de sus esfuerzos, cayó en nuestro poder. Aunque no lo cuenta el protagonista, un decidido contraataque por parte de dos batallones de Órdenes Militares que se reponían en las faldas del Cerro de su descalabro en los Zumacares por la mañana, recupera la posición. Las aclamaciones francesas redoblan cuando un oficial español acompañado de varios caballeros avanzó hacia nosotros agitando bandera blanca. Ante aquel signo de paz pensamos que venía a pedirnos una capitulación, o al menos el cese de hostilidades. En efecto la palabra capitulación acababa de ser pronunciada pero era previniéndonos de cesar toda clase de hostilidades, porque una capitulación acababa de ser ofrecida por el general Dupont, y los oficiales generales de los dos ejércitos se estaban ocupando de redactar los artículos.

Nos queda una decisión a considerar: la del retraso de Vedel. Se acusa unánimemente a este general de haber llegado tarde a Bailén para prestar auxilio a su jefe antes de que se rindiera. Se aduce que desde el amanecer estaba escuchando el cañón y, en lugar de acelerar la marcha, dio a sus tropas un largo descanso de más de dos horas en Guarromán, cuando ya se escuchaba con claridad el intenso cañoneo.

 

Vedel se justificó diciendo que su división necesitaba un descanso. Se ha dicho que por resentimiento u otras motivaciones similares no quiso acudir en socorro de su jefe. Incluso este mismo llegó a decir: ¡Vedel me la ha jugado! Parece inconcebible que este general actuara conscientemente para provocar un desastre que le iba a afectar necesariamente a él mismo.

Las bajas francesas totales se cifran en 17.150 prisioneros, 2200 muertos y 400  heridos. En cuanto a las españolas Castaños en su informe a la Junta Provincial de Sevilla, señala 243 muertos entre ellos 10 oficiales y 735 heridos.


[1] Muñoz García, Raimundo. Guerra de la Independencia. Capitulación de Dupont en Baylén. Editorial Rey Alí.

[2]  Vela, Francisco. Bailén 1808. El Águila Derrotada. Tomo II. Alameda. Madrid 2005..


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