Si hay un lugar de nuestra ciudad que es emblemático, ese es la
Huerta de Arteaga, el actual Vivero, así aparece en la documentación oficial
sobre la Batalla de Bailén. El plano más explícito es el dibujado en 1850 por
el coronel de ingenieros Pedro Andrés
Burriel, titulado Plano topográfico
de Bailén y sus alrededores,
que fue realizado por la Comisión de
Indagación de 1850 y que se conserva en el Instituto de Historia y Cultura
Militar. En este plano la situación de la actual casa y pozo del Parque Eduardo
Carvajal se señala y rotula como “Huerta
De Arteaga y Molino de Aceite”, a los pies de la carretera de Jaén, un poco más
debajo de las eras del Pilar, actual plaza de Yapeyú. Esta antigua huerta fue el “Cuartel General”
donde instaló el general Reding su estado mayor tras su entrada en Bailén el
día 18 de julio de 1808.
Según contó el vecino Diego Antonio Soriano, antes de que las divisiones
de Reding y Coupigny hicieran su entrada en la villa de Bailén en la mañana del
18 de julio, llegó primero una escuadra de reconocimiento (50 infantes y 10
caballos), al que pertenecía el húsar de Olivenza que al poco de el amanecer
entró por la calle de la Iglesia y llegando a la fuente que había en la plaza
del Reloj, le dio de beber a su caballo. Al poco de llegar se hallaban en la
plaza todos los paisanos que estaban en el pueblo y dos o tres individuos de la
Justicia, e informados por donde venían las tropas, corrieron todos a
recibirlos. Esta avanzadilla española tuvo que atacar de forma urgente y decidida a
una descubierta francesa muy similar en número (60 infantes y 10 caballos), que
fue avistada desde el Cerrajón (Camino de Sevilleja) subiendo hacia Bailén desde
Zocueca, por el capitán del Barbastro que mandaba la avanzadilla española,
regimiento de infantería perteneciente a la vanguardia comandada por Venegas.

Preguntó el capitán español si se podría cogerla por la retaguardia, y en
efecto los bailenenses Miguel de Porcuna, Manuel Campos y Miguel Abad actuaron
de guías en aquel rápido movimiento para aniquilar totalmente a la descubierta
francesa en el Arroyo de la Dehesa. Los
franceses, en efecto, fueron sorprendidos por detrás, no quedando vivos nada
más que un sargento y un cabo quienes hechos prisioneros fueron conducidos por
Miguel Abad hasta el General Reding que ya había hecho su entrada en Bailén y
establecían su campamento principal en el entorno de la Huerta de Arteaga
(Vivero), las eras del Pilar y las eras de la Soledad. Encontrados en el Molino
de las Huertas antiguas los edecanes, a estos se los entregó y le ordenaron que
los condujese al hospital.
Esta acción, hasta ahora poco conocida e ignorada por la Historia,
resultó providencial, pues si algunos de aquellos soldados franceses hubiese
escapado de vuelta hacia Andújar, Dupont hubiera podido conocer de antemano que
Reding había logrado interponerse entre su posición y la de Vedel. Fue, sin
duda alguna, un combate menor pero una acción decisiva, pues pudo haber
cambiado el curso de la batalla.
En resumen, el Molino de la Huerta de Arteaga (o “Molino de las Huertas antiguas”) fue el lugar utilizado
como puesto de mando principal por los generales Reding y Coupigny durante la
batalla de Bailén. No olvidemos que, comenzada la batalla, Reding
se limitó a resistir
y defender el paso de Bailén,
en sus dos vertientes (el 19 de julio por la tarde los combates se reanudaron
por la carretera de Madrid y el cerro de San Cristóbal).
Además, es bien conocido que el despliegue de la división
de Coupigny se apoyó directamente sobre la Huerta de Arteaga. El ala izquierda
del ejército español, con los
batallones de segunda línea apuntalados sobre el mismo camino de Jaén y el viejo camino de Villanueva o de La Toscana, fue además el punto
más frágil de la posición
española, terriblemente disputado y valerosamente
defendido. Sobre todo cuando uno de los ataques franceses intentó envolver
este ala izquierda, bajando
por Cañada Isabel para intentar salir al camino de Jaén
por el Regajo Grande (actuales cerámicas
de José Padilla García, Santa
Adela y La Perdiz), interponiéndose en su camino las tropas
españoles desde Las Monjas
y Retamosa (actual cantera detrás de La Milagrosa y San Juan). Es decir, desde la Huerta de Arteaga y el camino de Jaén se defendió una
de las zonas más importantes del campo de batalla. Lo mismo que hicieron el día
anterior, Reding y Coupigny debieron
dirigir sus tropas y seguir el desarrollo de la batalla desde el Molino de la Huerta de
Arteaga, en medio de un impresionante
ajetreo donde despacharían a sus edecanes y ayudantes de campo, verdaderos enlaces entre el puesto de mando principal y los puestos tácticos
destacados en las primeras
líneas defensivas.Doscientos catorce años después es hoy uno de los pocos testigos y
testimonios que aún quedan de nuestro pasado.
Fuente: Imágenes de planos y texto revista Locuber nº 1. Miguel Ángel Perea