martes, 15 de junio de 2021

PRIMER SITIO DE ZARAGOZA. 15 DE JUNIO 1808

 

Los Sitios de Zaragoza fueron dos asedios sufridos por la ciudad española de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia, que enfrentó a los ejércitos de ocupación del Imperio Francés de Napoleón Bonaparte y a fuerzas españolas leales a la Dinastía Borbón. Los sitios de Zaragoza fueron uno de los más míticos acontecimientos de la Guerra de Independencia, legando un gran número de héroes y leyendas a la tradición popular, y siendo fuente de inspiración para varios escritores. Daniel Aquillué, uno de los investigadores más destacados sobre los acontecimientos,  presenta en su obra “Guerra y Cuchillo” nuevas visiones para recorrer y explorar junto al lector el levantamiento y revolución a través de la experiencia de civiles y combatientes, así como de archivos hasta ahora inéditos. Una obra llamada a convertirse en un referente fundamental no solo sobre las campañas llevadas a cabo en España, sino también en el contexto de la guerra total que Napoleón extendió por todo el continente.

«Paz y capitulación» solicitó el general francés Verdier en agosto de 1808 cuando sitió a las tropas aragonesas en Zaragoza. «Guerra y cuchillo» fue la respuesta que recibió por parte de los defensores. La historia convirtió a la ciudad y su defensa en un mito y ejemplo de resistencia frente al emperador Napoleón Bonaparte. Una población sin murallas, sin ejército, sin posibilidades militares, que asombró a toda Europa haciendo frente a varios ejércitos napoleónicos entre 1808 y 1809.

El 15 de junio de 1808 comienza el primer sitio de Zaragoza. La ciudad, que carece apenas de ejército y no dispone de verdaderas fortificaciones se defiende con apenas 2000 soldados y voluntarios de la población civil frente a un ejército de casi 10.000 franceses.  Tras haber rechazado a la avanzadilla liderada por el hermano de Palafox en Alagón, Moncey se aproximó a la ciudad con unos 15.000 soldados, en buena parte polacos. En frente, la ciudad de Zaragoza, plaza abierta y no muy fortificada, tenía apenas 2.000 soldados profesionales y más de 10.000 voluntarios. Tras una larga noche de lucha en las puertas de la ciudad (el Portillo, la Puerta del Carmen y la de Santa Engracia), los defensores rechazaron el primer asalto francés. En la defensa destacó al frente de la artillería, en la denominada Batalla de las Eras que se inició el 15 de junio, Rafael de Irizabar y Guillelmini ( sobrino del anterior Capitán General ) como oficial superior del arma, tras salir de su encierro en la Aljafería .Sólo un grupo de jinetes que logró romper la línea y adentrarse en la ciudad, siendo atacados y derrotados por un grupo de mujeres zaragozanas armadas con piedras, cuchillos, etc. El hecho sería inmortalizado por Fernando Brambila, pintor italiano que había sido invitado por Palafox para narrar la contienda.

Tras este fracaso inicial, los franceses sometieron la ciudad a un intenso bombardeo, mientras procuraban cortar sus líneas de abastecimiento. El 23 de junio se libró en Épila otra escaramuza, en la que los franceses lograron cortar las comunicaciones del enemigo entre Madrid y Zaragoza durante el primer Sitio de Zaragoza y aislarlos de los molinos de pólvora de Villafeliche que abastecían a los defensores.

El 25 de junio el general Verdier, de mayor rango, llega con refuerzos y se hace cargo del asedio. En los días 26, 27 y 28, los bombardeos se hacen especialmente intensos. El polvorín donde se almacenaban las municiones de la ciudad estalló por culpa de un cigarro, causando graves daños en el barrio de la Magdalena y un caos que los franceses intentaron aprovechar para entrar en la ciudad. Tras una dura lucha, los defensores logran resistir en la ciudad, aunque los franceses ocuparon con éxito el barrio exterior de Torrero y algunos otros sitios extramuros. Desde sus nuevas posiciones amenazarán las posiciones españolas en la Aljafería durante los días siguientes, aunque sin lograr avances.

El 2 de julio Palafox, al que el comienzo del sitio había pillado fuera de la ciudad, regresa con algunos relevos. La llegada se produce justo a tiempo, pues ese mismo día los franceses lanzan otro ataque general sobre la ciudad. Son atacadas las Puertas de Sancho y del Portillo, al oeste de la ciudad. En la última, una mujer llamada Agustina Zaragoza, tiene que disparar una batería cuyos artilleros habían caído por una explosión. El disparo pone en fuga a la avanzada francesa y permite conservar la puerta. Se libran también combates en la Puerta del Carmen y en la de Santa Engracia, además del convento de San José, pues los conventos que bordean la muralla son puntos débiles en la línea de defensa de la ciudad. A pesar de esta nueva ofensiva sobre los numéricamente inferiores defensores, los franceses fueron de nuevo rechazados.

Tras este último fracaso, los franceses comienzan a enfocar la toma de Zaragoza como un sitio a todos los efectos, a pesar de que era una ciudad apenas fortificada. Por ello, se trata de aislar la ciudad y de completar el cerco. Así, los franceses construyen el 11 de julio un puente sobre el Ebro para poder rodear la ciudad por el otro lado del río.

El General Palafox, héroe de la defensa de Zaragoza durante los sitios de 1808 y 1809, fue, además, de un militar aguerrido un conspirador político nato. Antes de producirse la insurrección contra los franceses maniobró contra Godoy y Carlos IV a favor del partido fernandino y participó con la Guardia de Corps en el motín de Aranjuez, que encumbraría a Fernando. Durante la guerra, representó siempre al Rey frente a la burguesía liberal que quería la abolición del absolutismo. Se hizo con el mando de Zaragoza tras deponer al Capitán General Guillelmi, e impuso una suerte de dictadura. Tras la caída de la ciudad, fue hecho prisionero y llevado a Francia. Terminada la guerra, volvió a España donde siguió defendiendo a la monarquía de Fernando VII.






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