sábado, 11 de marzo de 2017

BAILÉN Y SU HEROÍNA MARÍA BELLIDO

María Inés Juliana Bellido Vallejo, nuestra heroína, nació en Porcuna el día 28 de enero de 1755, hija legítima del matrimonio contraído por Francisco Elías Bellido y Catalina Vallejo ambos también vecinos Porcuna. No se ha podido comprobar exactamente cuando comienza a ser llamada María a secas, pero no es de extrañar este cambio de nombre, ya que en el siglo XIX era frecuente que algunas personas que utilizaran durante su vida distintos nombres de aquel que se le puso en la pila bautismal.
Es también sabido, con bastante garantía histórica, que nuestro personaje al llegar a la edad casadera conoció en Porcuna, su pueblo a un joven natural y vecino de Bailén. El caso es que María Bellido (apodada la Culiancha, por sus opulentas caderas) contrajo matrimonio con Luis Domingo Cobo Muela, hijo éste de los vecinos de Bailén Luis Domingo Cobo y Ana Manuela de la Muela. Contraído este enlace ambos trasladaron su domicilio a la localidad de Bailén, concretamente a la calle Las Eras, hoy Juan Sebastián Elcano. Identificado nuestro personaje y ya instalado el matrimonio en Bailén consta que adquirieron bienes rústicos y urbanos, y que no hubieron hijos de su matrimonio.

Cuando al amanecer del 19 de julio de 1808 el Pueblo de Bailén se ve envuelto en las escaramuzas que anuncian la definitiva batalla, nuestra heroína, que habría de formar parte de ella, cuenta con 53 años de edad.
Es lógico que desarrollándose el combate en las cercanías de Bailén  los vecinos de esta villa tomaran parte activa, desde su inicio, en la batalla. Los hombres se unieron directamente a las tropas; los ancianos prestaron servicios de avituallamiento y sanidad, y los niños y mujeres contribuyeron con el elemento que se hacía más necesario en el campo de batalla, el agua.
El General  Reding ubicó su puesto de mando cerca del camino real, próximo a una era. Sus soldados habían construido un precario sombraje, para ponerse a cubierto del sol. Es posible que en este paraje se produjera el famoso encuentro entre la mítica  María Bellido y el famoso general. En los registros de la época queda documentado que María Bellido y su marido Luís Domingo habían comprado un pozo y una era próximas al ese lugar, donde pudo tener origen la leyenda.
Imaginemos el fragor del combate, las heridas que producen una insaciable sed, el periodo en que se desarrolla, 19 de julio (con temperaturas de 40 ó 45 grados) y las resecas llanuras y colinas del escenario de la batalla, y podremos llegar a la conclusión de que el agua, y la sed por falta de ésta, son dos condicionantes que habían de jugar un papel importantísimo en la lucha. El agua fue pues la auténtica pesadilla de las tropas de uno y otro bando. "Eran las seis de la mañana, y el calor principiaba a dejarse sentir con mucha fuerza, sentíamos ya a la espalda aquel fuego que más tarde habría de hacernos el efecto de tener por médula espinal una barra de metal fundido... Pero este malestar era insignificante con otro que desde la mañana principió a atormentarnos, la sed, que todo lo destruye, alma y cuerpo, infundiendo una rabia inútil para la guerra, porque no se sacia matando".
Tal era la necesidad del agua, y tan primordial su obtención, que hubo momento en que la lucha se concentró en la posesión de las fuentes de aprovisionamiento de ésta. Hemos de concentrar nuestra atención en la posesión y defensa de la Noria de Don Lárazo o "Noria del Sordo" que tan codiciada fue como por unos y otros.
Hecha esta semblanza de la batalla y uno de los principales elementos, entra ya en escena nuestro personaje: María Bellido.
La misión de obtención, transporte y abastecimiento de esta agua tan necesaria, correspondió principalmente a las mujeres y niños de la población, que con desprecio del peligro tanto contribuyeron a la victoria de las tropas españolas. Nuevamente Pérez Galdós en su ya citado "Bailén", escribe al respecto: "... Es verdad que de Bailén salían en bandadas multitud de mujeres con cántaros de agua para refrescarnos... Más de una vez, aquellas valerosas mujeres se expusieron al fuego, penetrando en sitios de mayor peligro, y llevando sus cántaros a los artilleros del centro".

¿No se perfila en este personaje de don Benito la intervención y actuación de nuestra heroína? Más concretamente, destaca el historiador Don Manuel López Pérez, tomando datos de Antonio José Carrero, el auxilio oportuno que prestaron algunas heroicas mujeres, que desentendiéndose de su sexo y de los riesgos, en el ardor combate y en pleno campo de batalla dieron de beber a los soldados, destacando entre ellas una,- llamada María Bellido-, que llegando hasta el puesto de mando y "dirigiéndose directamente al General Reding, ofreció agua al General, y en el momento en que elevaba la vasija, una bala rompió el cantarillo. La mujer no se inmutó. Recogió el tiesto donde había quedado un poco de agua, y lo ofreció al General, que alabó su labor y ofreció premiarla".
Este temple y valor, y la acción que realizó en riesgo de su vida, en pleno combate y en lugar más abatido por la artillería enemiga, hizo de nuestra paisana una heroína popular que pasó a la galería histórica de otras muchas que se inmortalizaron. Pero lo más significativo de esta heroica mujer fue, que, tras la victoria de las tropas españolas, pasó al más completo olvido. Tan es así que durante algún tiempo se creyó que este personaje era producto de la imaginación popular, o la creación de unos vencedores que necesitaban héroes para resaltar sus victorias.

Investigaciones posteriores han hecho a los historiadores llegar a la conclusión de que María Bellido existió, que nació en Porcuna, que casó con Luis Domingo Cobo, y que el hecho antes relatado es realmente un hecho histórico. Tal vez el completo olvido en que cayó su gesta fue debido a su prematura muerte, acaecida en 8 de marzo de 1809, unos ocho meses después de la batalla de Bailén.