domingo, 13 de junio de 2021

EL APRESAMIENTO DE LA ESCUADRA DE ROSILY, 14 DE JUNIO DE 1808. LA BATALLA DE LA POZA DE SANTA ISABEL

La rendición de la escuadra francesa del almirante Rosily, en la rada de Cádiz, el 14 de junio de 1808, no destaca en los anales de nuestra historia como una acción de relevante importancia, quizás, porque no fue un enfrentamiento de dos fuerzas homogéneas en un gran campo de batalla donde apenas se causó bajas por ambos bandos. Pero sin embargo, resultó ser un episodio que marcó el comienzo de una cruzada que acabaría años después con los sueños imperialistas de Napoleón. La flota francesa del almirante Rosilly situada en la Bahía de Cádiz, aislada y sin posibilidad de retornar a Francia debido al bloqueo británico, se rinde a los españoles. 

Cuatro días después de la batalla de Trafalgar del 21 de octubre de 1805, llegaba a Cádiz el Almirante francés Rosilly, marino de gran valía, que había sido mandado por Napoleón a España para sustituir a Villeneuve al mando de la escuadra combinada. Lamentablemente no pudo llegar a tiempo, ya que Villeneuve supo de su próxima sustitución y salió de Cádiz para enfrentarse con Nelson. Al llegar Rosilly se halló al frente de los restos de los 33 navíos que habían combatido. De la escuadra francesa tan sólo quedaron el Heros, de 80 cañones; los Algesiras, Pluton, Argonaute y Neptune, de 74 cañones; más las fragatas y bergantines, estos últimos  posteriormente romperían el bloqueo británico a la ciudad y partirían a Francia, salvo la fragata de 40 cañones Cornelie, que permaneció con los navíos. El Algeciras, aunque tenía nombre de una ciudad española era totalmente francés, ya que conmemoraba una victoria franco española frente a los británicos en 1801 bajo las baterías de dicha ciudad andaluza. 

Con fecha del día veintiuno de febrero del año de 1808, el Emperador, que no olvidaba a su escuadra, ordenó se avisará al almirante, de lo que se encargó su ministro de la guerra Mr. Decrés, quien escribió entre otras cosas:

 

 Procurad no manifestar inquietud, pero preparaos para cualquier evento sin afectación y tan sólo como obedeciendo órdenes que habéis recibido para partir. Colocad en medio al navío español bajo tiro de los franceses » Ante el peligro de que la aislada escuadra sucumbiera, Napoleón personalmente envió a Andalucía al general Dupont, al mando de un cuerpo de ejército compuesto por unos veinte mil hombres, con la concreta misión de romper toda resistencia y alcanzar el objetivo, que no era otro que recuperar la escuadra, para junto a ella y el ejército dominar la vasta región de Andalucía, pero como ya se demostró subestimaron a los españoles, siendo el primer aviso que el Emperador no entendió y al final sería causa importante de su total ruina, para él y el país que representaba. 

La Batalla de la Poza de Santa Isabel fue un combate naval ocurrido entre el 8 y el 14 de junio de 1808, en la Bahía de Cádiz. En ella se enfrentaron la flota francesa del almirante François Etienne de Rosily  y las fuerzas navales españolas comandadas por el almirante Juan Ruiz de Apodaca, apoyadas por la artillería costera. El resultado fue una de las primeras victorias españolas en la Guerra de la Independencia en la más destacada de las pocas acciones navales de dicho conflicto.

D. Tomás Morla, que había sustituido al General Solano, envió una advertencia el 9 de junio a Rosilly, instándole a una rendición incondicional en el plazo de dos horas o de lo contrario: "...soltaré mis fuegos de bombas y balas rasas (que serán rojas si V.E. se obstina): atacará la escuadra española y las fuerzas sutiles...". Siendo rechazado por el almirante francés. Así pues se inició el ataque desde las baterías y por las fuerzas sutiles. Los franceses estaban bien situados y lograron rechazar el ataque, que durante cinco horas intentaron infructuosamente rendirlos. Aun así tuvieron daños en cascos y arboladuras, con unas bajas de 13 muertos y 51 heridos. 

El Jefe de Escuadra, D. Juan Ruiz de Apodaca en su falúa, recorría la bahía dirigiendo a las fuerzas sutiles y animándolas con su ejemplo. Los españoles también vieron como se inutilizaban 7 bombarderas (4 de ellas hundidas, aunque las otras se podían reparar), con un balance de 4 muertos y 5 heridos. La batería de la Cantera fue desmantelada por el navío francés Algesiras, que había sido destacado ya que dicha batería les estaba haciendo mucho daño. El balance de bajas en las baterías fue de otros 4 muertos y 21 heridos. Las embarcaciones de la escuadra las mandaba el brigadier don Miguel Mª Sastón, comandante del Príncipe de Asturias; uno de los botes cuya tripulación se distinguió notablemente lo mandaba el Alférez de Fragata don José Fermín Pavía. También se distinguió la cañonera nº 33 al mando del Teniente de Navío don Joaquín Ibáñez de Corbera.

El día 14 de junio se volvió a intimar a la rendición de la escuadra francesa sin condiciones, por el general Tomás Morla. Rosilly era sabedor de que no podría resistir mucho tiempo ante los medios acumulados por los españoles para abrumarle con sus fuegos y poco después se rindió a discreción, así durante el curso de la mañana los pabellones franceses fueron sustituidos por los españoles.


En total se entregaron 3.676 prisioneros, tripulantes de 5 buenos navíos y una fragata de construcción reciente, armados con no menos de 456 cañones, numerosas armas individuales, gran cantidad de pólvora y municiones y cinco meses de provisiones. En el Museo Naval de Cádiz se conserva la bandera insignia que arbolaba el almirante Rosilly en el navío Hero. Apodaca se hizo cargo de los buques rendidos y puso como comandantes de los mismos a los segundos de los buques españoles. Los buques franceses pasaron a la Armada con sus nombres originales, lógicamente castellanizados. 










 



jueves, 10 de junio de 2021

BATALLA DE CABEZÓN DE PISUERGA - 12 DE JUNIO DE 1808

El 12 de junio los generales franceses Pierre Hugues Victoire Merle y Lasalle derrotan al Ejército de Castilla al mando del general Gregorio García de la Cuesta en Cabezón. Cuesta dispuso que el Teniente General don Francisco Eguía, que casualmente se hallaba en Valladolid, saliese con un destacamento de Guardias de Corps, que oportunamente acababa de llegar de vuelta de Bayona, algunos Carabineros procedentes de Burgos, dos escuadrones de caballería de la Reina, las cuatro piezas de artillería que habían llegado de Segovia, y unos 400 paisanos a cubrir el puente de Cabezón, sobre el Pisuerga, para detener el enemigo. Cuesta, que tomó esta medida, como hemos dicho, mas con el objeto de seguir el imperioso impulso del pueblo, que con el de contener a los enemigos, cuyas fuerzas eran respetables, salió a situarse al puente, dos leguas de Valladolid, con los habitantes de esta ciudad, formados por barrios, dejando dispuesto, que en el caso de tener que ceder, como parecía indispensable, a fuerzas tan superiores, las autoridades saliesen a recibir al General Lasalle, para que el vecindario fuese tratado con menos rigor. 

El 11 las dos divisiones francesas se reunieron en Dueñas, villa situada a seis leguas de Valladolid, más abajo de la confluencia del Carrión y el Pisuerga, y marcharon a atacar la posición de Cabezón: Lasalle a embestirla de frente por el camino real, y Merle a situarse sobre Cigales y Fuensaldaña, con el objeto de cortar a los españoles su retirada sobre León.

El día 12 a las diez de la mañana las columnas de Merle atacaron las fuerzas del General Cuesta, situadas sobre el Pisuerga, delante de Cabezón. La caballería de Lasalle avanzó en batalla a la llanura que hay a la izquierda del camino, mientras que la infantería marchaba derecha a apoderarse del puente. Los paisanos sostuvieron con valor la primera carga, e hicieron retroceder al enemigo; pero al cabo de dos horas de un obstinado combate, y después de haber causado a los franceses la pérdida de más de 700 hombres, cedieron a la superioridad de sus fuerzas. No pudieron resistir la carga de la caballería francesa, que se apoderó del puente y de las cuatro piezas de artillería, persiguiendo a los paisanos con tal ardor, que muchos de ellos se arrojaron y ahogaron en el Pisuerga.

El General Cuesta se retiró a Rioseco, pasando por Valladolid, y después a Benavente. Los Generales franceses detuvieron sus tropas a una legua de Valladolid. Bessieres les había encargado no destruyesen esta ciudad. A las cuatro de la tarde el Obispo, los miembros del Ayuntamiento, los Magistrados de la Chancillería salieron al encuentro del vencedor, le ofrecieron su sumisión, y entraron los franceses en la ciudad aquella misma tarde. En su avance hacia Zaragoza, el general Lefèbvre Desnoëttes derrota a una fuerza española que el Marqués de Lazán ha logrado reunir en Mallén. Valladolid cae en poder de los franceses sin que sus habitantes opongan resistencia.

 




sábado, 5 de junio de 2021

LA BATALLA DE ALCOLEA Y EL SAQUEO DE CÓRDOBA

La batalla de Alcolea el 7 de junio de 1808 fue una batalla que enfrentó a las tropas francesas y las tropas españolas que tuvo lugar en las inmediaciones del puente de Alcolea sobre el río Guadalquivir.  Fue la primera que mantuvo el ejército napoleónico en Andalucía y de las primeras producidas en el marco de la llamada Guerra de la Independencia. Tras el levantamiento del 2 de mayo en Madrid, los ejércitos franceses se dirigen al sur de España. Un ejército compuesto por 7.500 infantes, 3.000 caballos y 24 piezas de artillería al mando del general Dupont entra en Andalucía.

El teniente coronel Echávarri, nombrado general por la Junta de Córdoba, reunió 15.000 voluntarios. El 4 de junio llegaron a Córdoba procedentes de Lucena 5.000 paisanos a pie y 400 a caballo reclutados por el conde de Valdecañas, que se puso a las órdenes de Echávarri. Entre ellos se encontraban 200 soldados suizos del Regimiento Reding nº. 3, que se negaron a formar parte de la Brigada Schramm del general Dupont. Posteriormente se unieron a éstas tropas:

 -1er. Batallón de Granaderos Provinciales del coronel don Joaquín de la Chica.

· 2º Batallón de Granaderos Provinciales del teniente coronel don Pedro Agustín Girón.

· 1/2 Batallón de Campo Mayor, a las órdenes del don Cayetano de Iriarte.

· 2 escuadrones del Regimiento del Príncipe.

· 1 escuadrón incompleto del Dragones de la Reina.

· 2 compañías de artillería a pie con 4 piezas de a cuatro libras y otras 4 de ocho.

· Tropas de Zapadores, al mando del capitán de Ingenieros don Gaspar Diruel. 

El 5 de junio por la tarde se tocó a rebato en Córdoba por lo que finalmente fue una falsa alarma. No obstante, las tropas tomaron posiciones en el Puente de Alcolea a 11 kilómetros de la ciudad. El 6 de junio por la mañana los españoles habían desplegado 22.100 hombres para la defensa del puente.

· 2.100 soldados del ejército regular (1.400 de infantería española, 200 de infantería suiza y 500 de caballería y artillería).

· 20.000 paisanos armados (400 de ellos a caballo).

· 8 piezas de artillería.

Su dispositivo era el siguiente:

· Una compañía del Batallón de Campo Mayor, a las órdenes del capitán Lasala, guarnecía un reducto a manera de cabeza de puente en la orilla izquierda del rio.

· El 1er. Batallón de Granaderos Provinciales se situó en la orilla derecha parapetado en las casas del pueblo de Alcolea.

· El 2º Batallón de Granaderos Provinciales se situó en la misma orilla y a la izquierda del 1er. Batallón.

· El resto del Batallón de Campo Mayor se situó a la derecha del 1er. Batallón con dos piezas de a cuatro libras.

· Varios batallones de paisanos se situaron en la línea de alturas que dominan el puente por el norte con las otras dos piezas de a cuatro.

· El resto de los paisanos se situaron con las cuatro piezas de a ocho a dos kilómetros a retaguardia del puente, al comienzo de la Cuesta de la Lancha.

Los paisanos armados ·a pie y a caballo de Lucena, reforzados con los 200 suizos del Regimiento Reding nº. 3 y los escuadrones de caballería de la Reina y el Príncipe, se situaron a la izquierda del rio Guadalquivir en la Cuesta de la Morena, sobre el camino de Córdoba a Bujalance.

·Los zapadores del capitán Diruel construyeron un atrincheramiento como cabeza de puente.

Mientras tanto, la Brigada de Cazadores Dupré se había establecido en Villa del Río (entonces Aldea del Río) el día 3 de junio para dar tiempo a la concentración de todas las tropas francesas en Andújar. El 4 de junio Dupont envió la Brigada de Dragones Privé a Bujalance en dirección a Granada, pero no pudieron abrirse paso, con lo que se perdió la esperanza de incorporar los efectivos de la Brigada Schramamm; Ese mismo día se sublevó el Regimiento Preux nº. 6 en Andújar, que no quería combatir contra los españoles. El general Rouyer volvió a reiterarles la promesa de que no harían tal cosa. Para restar tiempo al enemigo a organizarse, Dupont decidió desencadenar una rápida ofensiva. Para ello el 5 de junio concentró sus tropas de infantería y artillería en Villa del Río; el 6 de junio avanzó con el grueso de las mismas hasta El Carpio, y a las once de la noche partió para presentarse en el Puente de Alcolea al amanecer. Nada más llegar al puente de Alcolea, la vanguardia francesa fue recibida por los disparos de cañón y fusil de los españoles allí desplegados. El combate presentó cinco fases o momentos diferentes:

· En primer lugar, Dupont mandó desplegar su artillería, compuesta por 16 piezas de cuatro, de a ocho y de a doce, en las alturas próximas a la carretera desde las que podía batir fácilmente las posiciones españolas de la orilla derecha del río. Se entabló así un intenso cañoneo que duró una hora y media.

· Mientras tanto, Dupont mandó un destacamento de marinos de la Guardia a reconocer el puente al mando del capitán de fragata Baste. Éste comprobó que no estaba minado ni obstruido con barricadas. Dupont decidió mandar a la División Barbou en su ataque, debiendo iniciar el mismo la Brigada Pannetier seguida a cierta distancia de la Brigada Chabert. Antes de que se iniciara el ataque, las fuerzas españolas del conde de Valdecañas aparecieron en las alturas que dominan la carretera general amenazando el flanco izquierdo y la retaguardia francesa, por lo que Dupont envió contra ellos la División de Caballería del general Fresia con la Brigada de Cazadores Dupré y la Brigada de Dragones Privé, seguida por el resto de los marinos de la Guardia y la Brigada Rouyer. Los jinetes de Valdecañas se lanzaron impetuosamente a la carga; pero antes de llegar al choque los Dragones de la Reina efectuaron una variación para rodear un montículo que los separaba de los franceses. Los paisanos a caballo creyeron que los dragones se retiraban, por lo que volvieron grupas y comenzaron a huir. La caballería francesa del general Fresia cargó sobre ellos infligiendo grandes bajas. Los supervivientes intentaron cruzar el río por el vado del Rincón, pero no acertaron con el paso, fueron arrastrados por la corriente y perecieron ahogados.

Entretanto, la Brigada Pannetier se lanzó al asalto del reducto defendido por el capitán Lasala. Atacaron en cabeza dos batallones de la Guardia Municipal de París, seguidos de cerca por la 3ª Legión de reserva. Los españoles los recibieron con un intenso fuego que ocasionó grandes bajas. No obstante, los franceses lograron llegar al foso del reducto, escalaron el parapeto del mismo y obligaron a los españoles a retirarse y a cruzar el puente hacia la orilla derecha del río. Los franceses cruzaron el puente persiguiendo a los españoles y la lucha se generalizó por ambos bandos en el pueblo de Alcolea por espacio de dos horas, al cabo de las cuales quedó de manifiesto la superioridad de los franceses, que obligaron a los españoles a abandonar el pueblo. En su interior los franceses mataron a todos los paisanos que encontraron con armas en la mano.

· Las fuerzas regulares españolas se retiraron con orden y tomaron posiciones de nuevo en la Cuesta de la Lancha mientras los franceses rellenaban el foso del reducto para abrir el paso a sus unidades de caballería y artillería. A mediodía se reanudó la ofensiva de los franceses con un movimiento envolvente sobre el ala izquierda de las tropas de Echávarri. En vista de esta amenaza, los españoles decidieron retirarse a la ciudad de Córdoba y resistir en ella hasta que el general Castaños acudiera a socorrerla. La retirada se produjo en medio del caos debido a la voladura de un carro de municiones que provocó el pánico entre los paisanos que acompañaban a las fuerzas regulares.

EL SAQUEO DE CÓRDOBA

El ejército español en desbandada se retira hacia Córdoba, donde no ve posible la resistencia y vuelve a huir en dirección a Écija, dejando detrás sólo una compañía de granaderos para entretener a los franceses y a la capital califal a merced de las fuerzas imperiales, que finalmente el 13 de junio fue tomada y saqueada durante tres largos días sembrando de pánico y terror a la población.

Así, con el apoyo de la artillería, las tropas galas asaltaron iglesias, conventos y casas, robando todo tipo de carros, vehículos, caballos y dinero (unos 80.000 reales sólo del palacio de Viana o 100.000 del Palacio Episcopal), y se ensañaron especialmente con conventos femeninos, como el del Carmen, San Juan De Dios o Los Terceros, donde se produjeron numerosas violaciones y saqueos de las imágenes. Se calcula que en total los franceses se llevaron más de 10 millones de reales, de modo que Napoleón desistió luego de imponer impuesto alguno de guerra y dominación a la población cordobesa. 

De este modo finalizó el Combate del Puente de Alcolea, primer enfrentamiento armado de importancia entre fuerzas españolas organizadas y francesas y que se saldó con 140 bajas francesas y unas 200 españolas entre militares y civiles. Fue en Córdoba también donde se gestó por parte del general Castaños, siete días después de que Dupont abandonara las ciudad, la Batalla de Bailén, que a la postre fue la primera derrota de las tropas de Napoleón en España. Por cierto que en ese enfrentamiento también estuvo Echávarri, esta vez en el bando de los vencedores.

FUENTE: https://www.eldiadecordoba.es/ocio/batalla_0_156284494.html




martes, 1 de junio de 2021

EL TAMBOR DEL BRUC

 

El 6 de junio de 1808 se produce la primera derrota importante de las tropas francesas. El general francés Schwatz, que pretendía acudir desde Barcelona a Zaragoza para apoyar el inminente sitio, es interceptado y derrotado en el paso del Bruc por un conjunto de paisanos armados de los pueblos cercanos a los que se unen militares huidos de Barcelona y mercenarios suizos del regimiento de Wimpffen. La batalla se vuelve a repetirse unos días más tarde, el 14 con el mismo resultado.

El 4 de junio de 1808 una columna francesa comandada por Schwartz salió de Barcelona en dirección a Lérida y Zaragoza. También tenía la orden de pasar por Manresa e Igualada. Los efectivos de la columna francesa sumaban 3.800 hombres. La noticia se transmitió rápidamente a las localidades por donde debían de pasar, pues las campanas comenzaron a tañer el “toque de somatén” convocando a los vecinos. Aquella tarde los franceses llegaron a Martorell y allí pernoctaron.  Para llegar a Manresa, debían forzar el paso del Bruc. El mismo día 4 un gran aguacero sorprendió a la columna francesa que se refugia en Martorell. 

Esta situación permitió organizar la acción del Bruc que tuvo lugar el 6 junio de 1808. Al día siguiente, muy temprano, varios oficiales y soldados del 2º batallón del regimiento de guardias valonas, así como un oficial y soldados del regimiento de infantería suiza “Wimpffen” nº 1 al servicio de España, acompañados de varios centenares de miembros de los somatenes de Manresa e Igualada, se colocaron en la alturas del Camino Real.  En total llegaban a unos 2.000 hombres. 

Los franceses no reanudaron su marcha hasta las seis de madrugada del dia siguiente, debido a la dificultad de caminar bajo la lluvia, y, después de dejar atrás Esparraguera y Collbató, los franceses llegaron al Bruch de Arriba, punto de bifurcación del camino de Manresa y el Camino Real que lleva a Lleida. Allí fueron recibidos por el fuego de los paisanos y soldados que esperaban desde el día anterior. Los franceses, después del primer efecto sorpresa de la emboscada, se organizaron y asaltaron las posiciones de los somatenes, quienes se retiraron y, dándose por satisfechos, iniciaron el regreso a sus casas. El general Schwartz, dado que ya era la hora de almorzar, ordenó a algunos de sus soldados que montaran guardia mientras que el resto de la unidad se preparaba para comer y descansar antes de proseguir el camino. El resultado de la emboscada estratégica fue la retirada de la columna francesa, con 300 hombres muertos y uno de los cañones perdido al hundirse el puente de Abrera cuando se retiraban en dirección a Barcelona. 

Leyenda

 Aquí es donde surge la historia del Niño del Tambor. Esta historia cuenta el episodio del joven pastorcillo que pone en fuga a las tropas napoleónicas con la colaboración del eco de las montañas de Montserrat. Isidro Llusá y Casanova, el niño de la historia, no podía combatir por su edad, pero quiere ayudar a su pueblo contra los franceses, así que toma su tambor y se pone a tocar. El eco de las montañas hace que de la impresión que son miles de tamborileros, por lo que el ejército francés se bate en retirada.

En el lugar, hay un monumento, y una inscripción, que dice:

Viajero, para aquí, que el francés también paró, el que por todo pasó no pudo pasar de aquí.



sábado, 15 de mayo de 2021

15 DE MAYO DE 1904. INAUGURACIÓN DEL MONUMENTO AL CANTOR DEL DOS DE MAYO, BERNARDO LÓPEZ GARCÍA

 

 En la Plaza de los Jardinillos de Jaén se encuentra el monumento dedicado a Bernardo López García, poeta giennense, cantor “al 2 de Mayo” realizado por el escultor de Santisteban del Puerto Jacinto Higueras Fuentes. Fue inaugurado por el Rey Alfonso XIII el 15 de mayo de 1904. Este busto ha tenido varios emplazamientos en sus 117 años de historia. Primero estuvo en la Plaza de San Francisco, junto a la cripta de la Catedral de Jaén, de allí pasó a la Plaza de los Jardinillos, después al Paseo de la Alameda y finalmente, de nuevo a su ubicación actual.

Bernardo López García nació en Jaén el 11 de noviembre de 1838. Fueron sus padres D. Fernando López Martínez, natural de Vélez-Málaga, y D.ª María Presentación García, natural de Burgo de Osma. Realizó sus primeros estudios en el Instituto provincial de Jaén, dirigido por don Manuel Muñoz y Garnica,  los continuó en Granada en el Colegio de Santiago, y después en la Universidad Central. 

 En 1855, con motivo de la muerte de su madre acaecida el 23 de abril, escribió sus primeros versos que no han llegado hasta nosotros.  La primera poesía que vio la luz pública fue una canción Al Guadalquivir. La segunda y la que reveló al poeta, fue la oda A Asia, publicada en La Discusión en 1859.  A esta siguió una serie de odas y canciones que le dieron una gran reputación literaria. La pérdida de sus padres, y del mayor número de sus hermanos, le trajeron de nuevo a Jaén, en donde contrajo matrimonio en febrero de 1864, con D.ª María del Patrocinio, hija de D. Manuel Padilla y Muñoz, y D.ª Carmen Ortega con la que tuvo una hija, María de la Aurora.  

Antimonárquico y de tendencias revolucionarias, participó en los sucesos de Loja (1861), lo que le valió ser apartado del Romancero de Jaén, que algunos poetas locales escribieron con motivo de la visita de Isabel II a la ciudad. En 1866 publicó en El Eco del País, donde era redactor, su celebérrima oda patriótica "El dos de mayo", Fallece de tisis en Madrid el 15 de noviembre de 1870. Sus restos son trasladados a Jaén en 1899 y enterrados en el cementerio de San Eufrasio, en un mausoleo rematado por una figura femenina alegórica a la poesía, obra de Tomás Cobo.
 
 A continuación reproduzco la Oda al Dos de mayo. La primera estrofa de este poema se hizo tan popular que se le llamó «el cantor del dos de mayo».

Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes pendones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron;
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que, libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía
sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
contando tu valentía.
Desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África, que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!

Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantada esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones.
Nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual
cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial.
En tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque, indómitos y fieros,
saben hacer sus vasallos
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros.

Y aún hubo en la tierra un hombre
que osó profanar tu manto.
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!
Sin que el recuerdo me asombre,
con ansia abriré la historia;
¡presta luz a mi memoria!
y el mundo y la patria, a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición
que, en su delirio profundo,
cantando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar
el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!

La virgen, con patrio ardor,
ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y, cuando calmado está,
grita al hijo que se va:
«¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!»

Y suenan patrias canciones
cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!

¡Mártires de la lealtad,
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad,
¡en la tumba descansad!
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que, hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero!

viernes, 7 de mayo de 2021

ORDEN DEL GENERAL MURAT PUBLICADA EN LA GACETA EL 6 DE MAYO DE 1808

 

El general Murat publica en la Gaceta de Madrid una orden que dice: “Mal aconsejado, el populacho de Madrid se ha levantado y ha cometido asesinatos” sin que la Junta de Gobierno se oponga.

Orden del día:

Soldados: mal aconsejado el populacho de Madrid, se ha levantado y ha cometido asesinatos. Bien sé que los españoles que merecen el nombre de tales han lamentado tamaños desórdenes, y estoy muy distante de confundir con ellos a unos miserables que sólo respiran robos y delitos. Pero la sangre francesa vertida clama venganza.
 

Art. 1. Esta noche convocará el General Grouchy la comisión militar.

Art. 2. Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas.

Art. 3. La Junta de Gobierno va a mandar desarmar a los vecinos de Madrid. Todos los moradores de a corte, que pasado el tiempo prescrito para la ejecución de esta resolución anden con armas, o las conserven en su casa sin licencia especial, serán arcabuceados.

Art. 4. Todo corrillo que pase de ocho personas, se reputará reunión de sediciosos y se disipará a fusilazos.

Art. 5. Toda villa o aldea donde sea asesinado un francés será incendiada.

Art. 6. Los amos responderán de sus criados, los empresarios de fábricas de sus oficiales, los padres de sus hijos y los prelados de conventos de sus religiosos.

Art. 7. Los autores de libelos impresos o manuscritos que provoquen a la sedición, los que los distribuyeren o vendieren, se reputarán agentes de la Inglaterra, y como tales serán pasados por las armas.

Dado en nuestro cuartel general de Madrid, a 2 de mayo de 1808.

Joaquín. Por mandato de S.A.I. y R., el Jefe de Estado Mayor General: Belliard”.

Gaceta de Madrid, 6 de mayo de 1808

 

martes, 4 de mayo de 2021

5 DE MAYO 2021: II CENTENARIO DE LA MUERTE DE NAPOLEÓN EN LA ISLA DE SANTA ELENA

 El 26 de febrero de 1815 Napoleón abandonó la isla de Elba donde estaba recluido desde el 4 de mayo de 1814  y su barco puso rumbo a la costa francesa. El 20 de marzo ya pasó la noche en las Tullerias tras ser recibido por una muchedumbre. Empezaba así lo que se ha llamado el gobierno de los Cien Días. Napoleón nombró ministros y otorgó una constitución de signo liberal. Sabiendo que los aliados no tardarían en reaccionar, reunió un enorme ejército. Pero sus adversarios disponían de muchos más. Waterloo, la batalla decisiva,  se libró el 18 de junio de 1815 en una llanura de la actual Bélgica. Tras su nueva y definitiva derrota Napoleón se replegó hacia París. Después se dirigió a Rochefort y a la isla de Aix, en la costa atlántica, donde pudo haber embarcado rumbo a América. Sin embargo, prefirió entregarse a los ingleses. 

El gobierno Británico decidió que el corso sería desterrado a una isla, pero esta vez muy lejos de Europa. Una isla del hemisferio sur, Santa Helena. El 17 de octubre de 1815. Desembarcaba en la isla a bordo del Norhumberland, un navío de guerra de la Royal Navy, muy bien custodiado por una flota y 2.500 soldados.  A su confinamiento le acompañaron algunos de sus hombres más leales. Uno de ellos, el conde Las Cases, su secretario, escribió el Memorial de Santa Helena, publicado en Londres el 1823 en 8 volúmenes. Para todos sus acompañantes, Napoleón seguía siendo su emperador, cosa que naturalmente irritaba a los ingleses. Estos no lo trataron con guantes de seda precisamente. Para empezar, le llamaban general Bonaparte, lo cual hería su megalomanía. Al llegar a Santa Helena, Napoleón y sus acompañantes fueron alojados en unas barracas de madera levantadas para guardar ganado. Napoleón, que había vivido en muchos palacios, ahora se alojaba en una choza.   
 
El destierro de Napoleón en Santa Helena duró seis años. Cansados de él, algunos de sus hombres le abandonaron y volvieron a Francia. Las Cases, su secretario, dejó la isla en 1816. El  Emperador falleció el sábado 5 de mayo de 1821 a las 5:49 de la tarde, a la edad de 55 años. Los granaderos Ingleses que portaron a hombros el féretro lo hicieron bajo las banderas de los regimientos 66º y 20º, que llevaban grabados en oro los nombres de Talavera, Albuera, Vitoria y Pirineos. Dos días antes de su muerte recibiría la extremaunción de manos del Abate Vignali, y que, en su testamento del 15 de abril de 1821, declararía que “muero en la Fe Romana y Apostólica, en cuyo seno nací hace más de cincuenta años” añadía que “sus cenizas reposen en  las orillas del Sena, en medio de la nación francesa a la que tanto he amado”. Oficialmente murió a causa de un cáncer de estómago. La tesis de un posible envenenamiento con arsénico ha sido muy controvertida. El cadáver del emperador recibió sepultura en un valle próximo a Longwood. La tumba quedó en blanco porque el gobernador inglés, Sir Hudson Lowe, se negó a grabar el título imperial y los generales franceses que lo acompañaron hasta el final, Bertrand y Montholon, no aceptaron que simplemente pusiese el nombre de “Napoleón Bonaparte”.  
 

La repatriación de los restos de Napoleón tuvo lugar en el año 1840, durante el reinado de Luis Felipe. Para que los restos del emperador volvieran a Francia era necesario el permiso de los británicos y el del monarca francés. Con Luis Felipe no hubo problemas. El gobierno británico fue más reacio a la repatriación, pero al final accedió a ella a cambio de conservar su influencia en la llamada “Cuestión de Oriente.” La fosa se abrió en presencia de británicos y franceses. El monarca francés había enviado a Santa Helena a su hijo para proceder a la exhumación. El cadáver aún era reconocible. Fue transportado a Francia y llevado a los Inválidos.

Todavía descansan allí y sus restos están protegidos por seis ataúdes. A su lado yace su hijo Napoleón François Joseph Charles Bonaparte, que pasó a la historia con el título que recibió al nacer Rey de Roma, conocido después de fallecido con el sobrenombre de  L’Aiglon- el Aguilucho-. El majestuoso sarcófago de pórfido rojo de los Inválidos fue diseñado por Luis Visconti, pero no fue inaugurado hasta 1861 cuando ya en Francia gobernaba Napoleón III que estuvo casado con la noble española Eugenia de Montijo, condesa de Teba. Todo estaba acabado. Napoleón dormía a orillas del Sena, en medio de ese pueblo francés que tanto había amado. Veinticinco años solamente habían pasado desde 1815, desde Waterloo. La Leyenda había vencido a la Historia. Napoleón no se había equivocado. En los días más negros de Santa Elena, había dicho:

- Oiréis otra vez a París gritar «¡Viva el Emperador!»