viernes, 1 de junio de 2018

INAUGURADA LA EXPOSICIÓN "SOLDADOS EN LA HISTORIA" ARTE, HISTORIA Y COLECCIONISMO








LA EXPOSICIÓN PERMANECERÁ ABIERTA DURANTE EL MES DE JUNIO EN EN LOS BAÑOS ÁRABES DE JAÉN

martes, 1 de mayo de 2018

LOS SUCESOS DEL MES DE MAYO DE 1808 EN MADRID. HACE 210 AÑOS EMPEZÓ LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA.


Ante las repetidas presiones recibidas por los franceses y su propia familia, Fernando VII el 1 de mayo de 1808 accede a abdicar a favor de su padre, que se convierte de nuevo, y por breve tiempo en rey de España. La situación en Bayona estaba adquiriendo el aspecto de una ópera bufa Carlos IV afirmó que la renuncia al trono producida tras el motín de Aranjuez era nula y exigió la devolución de sus derechos. Napoleón le obligó a ceder sus derechos a cambio de asilo en Francia para él, su mujer y su favorito Godoy, así como una sustancial pensión (30 millones de reales anuales). Cuando llegaron a Bayona las noticias del levantamiento de Madrid y de su represión, Napoleón ordenó a Fernando VII reconocer a su padre como rey legítimo. A cambio de un castillo y de una pensión anual de cuatro millones de reales, aceptó, ignorando que su padre había renunciado en favor de Bonaparte.

 El descontento de la población ante el descrédito que le merecía la Junta, sería el desencadenante del conflicto. El incidente que hizo estallar la crisis fue el traslado del infante don Francisco de Paula, el único de los hijos de Carlos IV que aún permanecía en Madrid. Un grupo de personas intentó que abandonara la villa y atacó a un escuadrón francés que sólo pudo salvarse del linchamiento gracias a la intervención de un destacamento de soldados españoles. Estos incidentes determinaron una violenta reacción popular que se extendió por toda la ciudad. Las tropas francesas que se hallaban acantonadas en los alrededores de la ciudad acudieron a sofocar la revuelta, que cobraba por momentos una mayor dimensión.
   El 2 de mayo de1808, al grito de ¡Que nos lo llevan!, el gentío penetró en el palacio. El infante se asoma a un balcón aumentando el bullicio en la plaza. Este tumulto fue aprovechado por Murat, el cual despachó rápidamente a un batallón de granaderos de la Guardia Imperial al palacio, acompañado de artillería, que disparó en contra de la multitud. Al deseo del pueblo de impedir la salida del infante, se unió la de vengar a los muertos y la de deshacerse de los franceses. La lucha se extendió por todo Madrid.


Bando de los Alcaldes de Móstoles, Andrés Torrejón y Simón Hernández. Las noticias del levantamiento de Madrid se extienden por España y se inicia la insurrección. En realidad, éste fue redactado por el aristócrata Juan Pérez Villamil. El bando tenía una misión específica: avisar a los pueblos de Toledo y Extremadura para que movilizaran milicias que acudiesen a socorrer a Madrid, ocupada por los franceses. Se puede descartar que este bando constituyera una verdadera declaración de guerra a Napoleón y los franceses, acto que llevó a cabo la Junta Suprema Central de Sevilla un mes más tarde (6 de junio de 1808).
El texto del bando es el siguiente:
Señores Justicias de los pueblos a quienes se presentase este oficio, de mí el Alcalde de la villa de Móstoles:
Es notorio que los Franceses apostados en las cercanías de Madrid y dentro de la Corte, han tomado la defensa, sobre este pueblo capital y las tropas españolas; de manera que en Madrid está corriendo a esta hora mucha sangre; como Españoles es necesario que muramos por el Rey y por la Patria, armándonos contra unos pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado yugo, Después de haberse apoderado de la Augusta persona del Rey; procedamos pues, a tomar las activas providencias para escarmentar tanta perfidia, acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos y alentándonos, pues no hay fuerzas que prevalezcan contra quien es leal y valiente, como los Españoles lo son.
Dios guarde a Ustedes muchos años.
Móstoles dos de Mayo de mil ochocientos y ocho.
Andrés Torrejón
Simón Hernández


Los madrileños descubrieron en ese instante las necesidades de la guerra callejera: constitución de partidas de barrio comandadas por caudillos espontáneos; obligación de proveerse de armas (luchaban navajas frente a sables); necesidad de impedir la llegada de nuevas tropas francesas...
Todo esto no fue suficiente y Murat pudo poner en práctica una táctica tan sencilla como eficaz. Cuando los madrileños quisieron hacerse con las puertas de la cerca de Madrid para impedir la llegada de las fuerzas francesas acantonadas fuera de Madrid, el grueso de las tropas de Murat (unos 30.000 hombres) ya había penetrado en la ciudad, haciendo un movimiento concéntrico para adentrarse en Madrid.
 


Si bien la resistencia al avance francés fue mucho más eficaz de lo que Murat había previsto, especialmente en la Puerta de Toledo, la Puerta del Sol y el Parque de Artillería de Monteleón, esta operación permitió a Murat someter a Madrid bajo la jurisdicción militar. Esto fue, tratar a los madrileños como rebeldes. Puso igualmente bajo sus órdenes a la Junta de Gobierno.

Poco a poco, los focos de resistencia fueron cayendo. Acuchillamientos, degollamientos, detenciones... Mamelucos y lanceros napoleónicos extremaron su crueldad con el pueblo madrileño. Cientos de españoles, hombres y mujeres, y soldados franceses murieron en esta refriega. El lienzo de Goya, La Carga de los Mamelucos refleja la lucha.


Mientras tanto, los militares españoles permanecieron, siguiendo órdenes del capitán general Francisco Javier Negrete, acuartelados y pasivos. Sólo los artilleros del parque de Artillería sito en el Palacio de Monteleón desobedecieron las órdenes y se unieron a la insurrección. Los héroes de mayor graduación fueron los capitanes Luis Daoiz y Torres (que asumió el mando de los insurrectos por ser el más veterano) y Pedro Velarde Santillán. Con sus hombres se encerraron en el Parque de Artillería de Monteleón y, tras repeler una primera ofensiva francesa al mando del general Lefranc, murieron luchando heroicamente ante los refuerzos enviados por Murat.

La represión fue cruel. Murat no conforme con haber aplacado el levantamiento, se planteó tres objetivos: controlar la administración y el ejército español; aplicar un riguroso castigo a los rebeldes para escarmiento de todos los españoles; y afirmar que era él quien gobernaba España. La tarde del 2 de mayo firmó un decreto que creó una comisión militar, presidida por el general Grouchy, para sentenciar a muerte a todos cuantos hubiesen sido cogidos con las armas en la mano (Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas). El Consejo de Castilla publicó una proclama en la que se declaró ilícita cualquier reunión en sitios públicos y se ordenó la entrega de todas las armas, blancas o de fuego. Militares españoles colaboraron con Grouchy en la comisión militar. En estos primeros momentos, las clases pudientes parecieron preferir el triunfo de las armas de Murat antes que el de los patriotas, compuestos únicamente de las clases populares.
En el Salón del Prado y en los campos de La Moncloa se fusiló a centenares de patriotas. Quizá unos mil españoles perdieron la vida en el levantamiento y los fusilamientos subsiguientes.


LOS HÉROES DEL DOS DE MAYO

Los capitanes Daoíz y Velarde se convirtieron en los héroes del 2 de Mayo. Lideraron la casi anecdótica repuesta del Ejército español cuando, desde el Parque de Artillería de Monteleón, hicieron frente a las tropas del General Murat con tan sólo 200 hombres. Velarde que había llegado a Madrid en 1806 como secretario económico de Artillería, el día 2 solicitó refuerzos para defender el parque y salió con una compañía de 33 soldados. Convenció a Daoíz para que lo abriera y entregara las armas a los madrileños y participó en la defensa del acuartelamiento. Murió de un disparo en el pecho antes de que éste se rindiera. Daoíz, por su parte, era ya un militar de brillante carrera que había participado en la defensa de Ceuta y Orán, en la Guerra del Rosellón y en la defensa de Cádiz. Tras la llegada de Velarde mandó colocar cañones para defenderse del ataque y en la lucha resultó herido, pero aún recibió, sable en mano, a los generales Lagrange y Lefranc, cuando entraron en el parque. Lagrnage atacó al capitán y, cuando este intentó responder, fue abatido a bayonetazos.

El cadete Juan Vázquez Afán de Ribera estaba lejos de su tierra, Granada. En esa mañana del 2 de mayo de 1808, hace doscientos años, había escuchado disparos. La presencia francesa mantenía soliviantados a los vecinos de la Villa, pero los militares tenían la orden de no intervenir. El cadete del arma de infantería, desoyendo a sus padres, salió de casa para terminar, horas después, muriendo junto a otros soldados, oficiales y sublevados defendiendo el Parque de Artillería de Monteleón. La defensa de ese parque, la primera resistencia en Madrid, que se celebra ahora en el bicentenario de la Guerra de la Independencia.

Una bala francesa acabó con el cadete de 12 años de la II compañía del III Batallón del Regimiento de Voluntarios durante el asedio al cuartel, donde resistió junto a los capitanes Luis Daoiz y Pedro Velarde. La muerte le encontró, cuentan los testimonios, defendiendo una posición avanzada ante el avance de las tropas francesas. Otros testigos de lo sucedido relatan que, habiendo salvado la vida a mujeres y niños que también participaban en la defensa de Monteleón, la bala le alcanzó mientras intentaba salvar la vida del teniente Jacinto Ruiz.




MANUELA MALASAÑA
La defensa popular de la patria contra los franceses se encarnó en la figura de una joven de apenas 15 años, una costurera de un taller de bordadoras llamada Manuela Malasaña. Imágenes y leyendas glorifican la supuesta gesta de la heroína popular, pero en realidad poco se sabe con certeza acerca de su vida y de su muerte. Según el escritor Fernández de los Ríos, Manuela Malasaña moriría mientras ayudaba a cargar el arma de su padre a las puertas del Cuartel de Artillería. Así la imaginó el pintor Álvarez Dumont, muerta a los pies de un soldado de la caballería francesa mientras su padre la vengaba… Sin embargo, ninguna de estas dos versiones pudo ser cierta, ya que se sabe que por entonces la costurera era huérfana. Más crédito tiene la investigación de Cambronero que se nutre de supuestas versiones de testigos y que sitúa la muerte de la heroína una vez que había concluido ya el levantamiento y cuando los franceses imponían la represión entre la tarde-noche del 2 y el día 3. Manuela Malasaña sería abordada por una pareja de soldados franceses que intentarían seducirla en plena calle, y moriría a tiros después de defenderse con unas pequeñas tijeras de costura.
Fue enterrada en el Hospital de la Buena Dicha en la calle de Silva que había sido fundado en 1594 y que acogía a la gente pobre. En este lugar fueron atendidos muchos de los heridos en este día del 2 de Mayo y fueron enterrados muchos de los caídos.
El nombre de Manuela Malasaña consta con el nº 74 en la relación de víctimas que se conserva en los archivos militares y municipal de Madrid. Según un estudio hecho en 1908 hubo 409 muertos identificados y 170 heridos. Su retrato se encuentra en la Sala de Heroínas del Museo del Ejército.
Manuela debía ser famosa en su barrio por su juventud y simpatía, y el hecho de morir tan joven y entregando su vida a la causa de la libertad hizo que se creara en torno a su memoria una gran leyenda de heroína.