jueves, 5 de diciembre de 2013

LA BATALLA DE EMPEL, UN MILAGRO DE LA INMACULADA. ¡FELICIDADES INFANTERÍA!

España estará de fiesta el próximo día 8 de diciembre como cada año desde 1644, cuando se nombró a Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción patrona y protectora de la nación española.
La Virgen Inmaculada es también patrona de la Infantería española, un patronazgo que tiene su origen en el siglo XVI en la conquista de Flandes, cuando los antiguos Tercios Españoles combatían en dicha tierra.
El llamado milagro de Empel, es bien conocido por los amantes de la Infantería y la Historia Militar española, aunque quizás no cuente con la difusión que han tenido otras leyendas.
Se dice que en el otoño de 1585, el Tercio del Maestre de Campo Francisco de Bobadilla y del maestre Juan del Águila fueron sitiados en la isla de Bommel y lograron vencer a la muerte gracias a la repentina congelación de un río. El hecho fue atribuido a la Inmaculada Concepción.
Grabado de la Batalla de Empel 1585
por Frans Hogenberg y Georg Bramz
Un golpe de suerte o una intervención divina. Estas eran las únicas formas de que los miembros del Tercio de Bobadilla no fueran masacrados el 8 de diciembre de 1585 mientras defendían el monte de Empel –ubicado en una pequeña isla holandesa–. Harapientos, sin provisiones y asediados por una infinidad de buques, a los soldados españoles no les quedó otra solución que rezar pidiendo un milagro, y eso es lo que obtuvieron. Aquella noche, uno de los ríos limítrofes, el Mosa, se congeló permitiendo a los defensores cargar contra el enemigo y obtener una victoria por la que nadie hubiera dado medio escudo de oro.
Pero en esa funesta jornada el ejército español no solo triunfó en combate, sino que también convirtió a la Inmaculada Concepción en la patrona de su infantería. Y es que, según cuenta la leyenda, un soldado del Tercio encontró enterrada una imagen de la Virgen pintada en madera el día previo a la contienda. La imagen se dispuso en un altar improvisado y los soldados se encomendaron a ella para que les ayudase en la batalla. Bobadilla para arengar a sus soldados en plena adoración se dirigió a ellos y dijo: "¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos. ¿Queréis que se quemen las banderas, que se inutilice la artillería y que abordemos esta noche las galeras enemigas?" "¡Si queremos!".
 
 
 
Los soldados del Tercio Viejo estaban a merced de la artillería de la flota enemiga, apenas tenían víveres ni ropa seca con la que combatir el frío, estaba claro que en aquella dichosa isla, las fuerzas españolas no aguantarían mucho. No obstante el almirante Holak que conocía bien a los españoles no quería bajas innecesarias por lo que a pesar de la precaria situación de los sitiados, este les ofrecería una honrosa rendición. La respuesta del Maestre de Campo  Bobadilla al cargo de los soldados españoles fue clara: «Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos». Esta insolencia a los ojos de Holak hizo que su orden inmediata fuera abrir un segundo dique e inundar aun más la zona. Los españoles se retiraron al lugar que aun permanecía sobre el mar, una pequeña colina llamada la colina de Empel.
El día 8 seria el día del ataque final pero, en la madrugada del día 7 al 8 un frío inusual acompañado de un viento huracanado, convierte en hielo la superficie del cauce del Mosa de tal forma que se podía caminar sobre él. Los soldados entonces vieron su oportunidad y marcharon sobre el hielo hacia la flota enemiga que no se esperaba un ataque total. Los combates fueron impecables para los españoles.
Los tercios se  apoderaron de numerosas armas, prisioneros, y de todos los barcos no
destruidos. El Milagro de Empel se estaba gestando.
Esa misma madrugada el tercio recompuso su formación y marchó hacia el fuerte donde se encontraba la artillería que tan precaria había hecho la situación de los tercios durante el sitio. El Tercio Viejo lleno de rabia e ira cargó contra el fuerte que fue tomado en muy poco tiempo, los rebeldes holandeses eran incapaces de parar a los cuadros de arcabuceros y piqueros españoles. La desbandada holandesa fue total en cuanto el fuerte cayó en manos españolas, entre los que huían se encontraba el almirante Holak. quien dejó dos frases para la historia:
 
"Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro"

"Cinco mil españoles que eran a la vez cinco mil infantes, y cinco mil caballos ligeros y cinco mil gastadores y cinco mil diablos".
Aquella jornada, entre vítores, aumentó la devoción por la Inmaculada Concepción entre los combatientes españoles, y la Virgen fue tomada desde aquella fecha como patrona de los Tercios y hoy en día es la patrona de la Infantería Española.